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Nací en 1990 en Aplao - Arequipa, estudio Periodismo en la UNSA, francés en la Alianza Francesa de Arequipa. Formo parte activa de seminarios o eventos sobre cualquier expresión de cultura en general. Soy una persona de carácter sereno que agrada de las personas responsables, perseverantes. "LA TAREA HA DE SER DIFÍCIL, PUES SÓLO LA DIFICULTAD INSPIRA A LOS NOBLES DE CORAZÓN", busco reflejar este pensamiento de Kierkegaard, cada día busco mejorar.

sábado, 3 de julio de 2010

¿Qué es “Cachimbear”?

Existen en el muy “correcto” y “racional” mundo civilizado aspectos en la vida cultural y social que comprenden manifestaciones un poco “burdas” y “primitivas”, manifestaciones que en el común trascender sólo corresponderían a personas desequilibradas (locos, paranoicos; delincuentes, drogadictos, alcohólicos), pero que por instantes se desenvuelven en sujetos que no sufren ningún tipo de vacilación en su formación mental y mucho menos se desarrolla en ellos algún tipo de vicio o problema adictivo…¿Qué se debe entender entonces por esos comportamientos?

Hace unos días fui tristemente testigo de una de las más “corrientes” (corriente, porque esto no escapa de la pura imitación y no guarda ni un mínimo toque de originalidad) y salvajes, bárbaras, irracionales, atroces, bestiales y a mis gustos totalmente repugnantes costumbres que se guardan y conservan a mucho honor y orgullo en la Universidad San Agustín: El Cachimbeo.

Es ya conocido escuchar que a punta de gargantas desafinadas y sin la más mínima consideración de sinfonía y orden musical se comienza a perturbar en el aire de la Universidad en los primeros meses del año académico (deberían serlos también los meses iniciales del año, pero puesto que en esta Universidad no se respeta ni considera un almanaque como referente espacial, no se puede hablar de ello) un toque muy tosco, rústico, torpe, lerdo que a gran estruendo perturba la tranquilidad de muchos, voces que como desaforados barristas de un equipo capitaleño dicen: “Pelo, pelo” y que acompañados de un derecho ni muy proclamado, ni mucho menos reconocido a ellos, los enviste de respeto, respeto obviamente ganado a punta de golpes, porrazos, y hasta inclusive “pasadas de mano” que hacen llegar sobre los primerizos estudiantes de esta Universidad.

En estos últimos días en la facultad de Derecho, esta muy anticuada costumbre hizo honor a su tradición; los más de cincuenta alumnos de años superiores, provistos de tijeras (en todas sus modalidades), y otros accesorios punzo cortantes y totalmente lesivos para el cuerpo, entraron con mucha “conchudez” y sangre fría a ejercer éste su derecho sobre los más de cien estudiantes que después de un día normal de clases se prestaban a retirarse. Entraron como “animales”, no sé si serán burros, porque orejas grandes y velludas no tenían, ni tampoco una cola con un mechón que aflorase de sus tan “limpios” traseros, pero puedo afirmar que lo eran por el desorden, rebeldía, indocilidad, insolencia con que perturbaron el común terminar de un día de clases de estos noveles estudiantes.

Al cabo de una hora y media de festín, el resultado no es más que brazos cortados, rostros con tajos, rasgaduras por las puntas de las tijeras y un alarmante miedo y desasosiego que al sólo mirar los rostros de las chicas se huele y percibe en este ya consumado matadero. Creo que es normal para todos los estudiantes ver sangre en los pasillos, y no se exagera con esta afirmación, creo también que es normal ver cicatrices después de una semana de lo sucedido y todo esto es también normal para los profesores y catedráticos que al notar esos daños no hacen más que expresar su disgusto con un leve y titubeante y hasta temeroso movimiento horizontal de sus cabezas tan confusas, porque en realidad no saben si aprobar o renegar de estos ya tan comunes actos.

En fin, cuando una persona entra a una Universidad, espera ver mentes pensantes, espera ver profesionales crecer, y porque no, espera también ver surgir romances que en la caricia de un momento de amor, demuestran la paz y racionalidad de los sentimientos que hay en las personas. Esta bien; hay que “agasajar” y “celebrar” a estos chicos que por vez primera entran a la Universidad, pero hacerlo con esta brutalidad e irracionalidad con la que lo hacen no tiene justificación.

Creo que es el momento en el cual se debe hacer un espacio en nosotros para pensar, pensar ciertamente si es que en estas conductas encontramos tanta satisfacción, revitalizamos nuestras angustias y aumentamos nuestro ego, pensar si esto nos hace tan valientes, tan populares y tan brillantes sobre los demás. La respuesta para mí es clara, habrá que preguntárselo ahora a ellos quienes desafortunadamente por lo pronto creen en lo contrario.






La cultura “Looney”, la cultura del Reggaeton.


El siguiente es un estudio y análisis en su inicio puramente descriptivo que en el recorrer de los párrafos a través del análisis justificará porqué es que catalogo a la cultura del Reggaeton como un nuevo modelo social y porqué probablemente postule la formación de una seudo-clase cultural, cultura que con la simpatía del caso llamo: “La cultura Looney".

La cultura "Looney" no es sino la cultura del reggaeton, el reggaeton que como género musical ha amalgamado tantas expresiones musicales y a hecho propias tantas sinfonías y herramientas de musicalización propias de otros géneros y que en su corto, pero a la vez inconmensurable reinado a hecho que no sólo la mayoría de adolescentes, sino también niños y hasta jóvenes casi adultos interioricen este ritmo convirtiéndolo de esa forma en el patrón que rige sus comportamientos y estimula sus motivaciones.

La pregunta sería: ¿Cómo reconocer a un chico (a) “Looney”?

Pienso que existen tantas maneras de poder reconocerlos, creo que es tan fácil como identificar a un “Emo”; pero de manera particular, me di cuenta de la existencia de esa otrora pequeña cultura cuando atravesaba los 15 – 16 añitos (añitos; porque no pasaba los 1.60 cm. y en mi cabeza no vivía otra persona que no sea Daddy Yankee). Un chico Looney tiene el timbrado de su celular obviamente con un reggaeton, y si no es así con unas voces raras en la cual dice: “Chuculún, chuculún o La vecinita quiere…”, viste en ocasiones con pantalones holgados, así como también con pequeños y apretadísimos pantalones “pitillo” soliendo usar estos a “medio trasero” dejando así al deleite su prominente y límpido traste.

Cuando conversan con otros chicos es típico encontrar las frases “habla loco” o con más cariño “habla loquito” y el saludo que correspondería a un simple apretón de manos se desliza en el intento de hacer un jugueteo con ellas; ¿Cómo es que la simple cordialidad se suspende en ese juego de manoseo e interminable picazón de creatividad? Es inexplicable, pero a la vez curioso, muy curioso.

Sus peinados…creo que ninguno de estos chicos mantendría en su cabeza el típico “raya al costado” cómo que en su “onda” eso los definiría como correctos y lo que ellos menos quieren es verse como chicos apegados a la regla, quieren verse totalmente aligerados, libres de toda sujeción y pues un buen pelo parado o una colita de “guerrero saiyajin” les imprime ese punto de libertad tan propio que ellos sienten que es imposible no ser así.

Su andar…son muchas las ocasiones en las que sueltos de todo control, alejados de toda propuesta de obligación y retraídos de toda sujeción, marchan y alargan con las grandes tallas de sus prominentes zapatos agigantados pasos sobre la tupida y ennegrecida pista de brea que con sus polos y pantalones en la mayoría oscuros combinan en un mosaico perfecto, imprimiendo así un matiz colorido y bello que insinúa rebeldía y esas conductas tan “al garete” [1] que definen sus personalidades. Es muy complaciente ver cómo se deslizan con esas conductas estas criaturas tan singulares, criaturas que al fin y al cabo son personas que con su propia autenticidad demuestran al mundo lo que es vivir a su modo, vivir como diría está sociedad…”a su manera”.

El bailar…como mínimo los chicos y chicas de la onda Looney asisten como a 4 ó 5 fiestas al mes, y es en esos momentos cuando despliegan todo su arsenal prendario que ocupa un lugar muy cuidado en su armario; incluye por supuesto sus polos apretados y muy ceñidos, no importa en este caso cuál sea el volumen de su dorso, cuál sea el espesor de sus pechos, pero al fin y al cabo esos politos están ahí; luego, los pantalones, suelen ser prendas muy rasgadas, de colores fuertes y “ps” tienen más bolsillos y cierres que un pantalón de soldado americano y sí se quiere ser más expresivo, no ha de faltar el clásico “blin blin” [2] y una gorra que ante el “insoportable” calor de una mañana tropical, obviamente esa mañana sólo existe en su cabeza, recubre sus muy marcados y enigmáticos rostros que se adormecen y bailan al “Dembow” [3] de la fuerte y pegajosa melodía.

Ya en la fiesta es todavía más placentero observar cómo cada uno de estos personajes “frontea” [4] por cada pasillo del salón, cómo enarbola su figura ante las luces tan coloridas y en ocasiones ese abundante “humo” que imprime un tono tan místico y  expresivo. Lo mínimo que pueden hacer es pedir una pequeña jarrita de licor y sentarse a “patrullear” [5] la zona en búsqueda de una “gila” [6] que con un “Flow” [7] similar al suyo invada en su territorio y aceche su mirada.

Prácticamente estas son las formas más simples y seguras de poder identificar a un chico Looney, y al tratar de identificarlos no se trata de establecer prejuicios y de este modo sesgar a esta parte de adolescentes y jóvenes, sólo es pertinente saber cómo es que afloran en nuestra ya multivariada cultura urbana nuevos modelos de comportamiento, modelos que a punta de buen “dembow y flow” se ganaron un lugar y hoy más que nunca en esta etapa de crisis de identidad reclaman a voz pasiva y plausible un reconocimiento general de una sociedad tan prejuiciosa y en ocasiones anticuada y temerosa de innovación como la nuestra.

¿Cómo calificar a esta cultura del reggaeton?

Son tantos sucesos que ocurren sin pausa y aceleradamente en nuestro país que no nos ponemos a analizar y observar cómo es que surgen, cómo es que logran una no proclamada y reconocida autenticidad estos nuevos modelos sociales; se justifica de este modo los ya proclamados postulados acerca de una inminente institucionalización de la moda.

Este modelo, que incluye una forma de pensar, que incluye un propio comportamiento, que incluye una propia vestimenta, que incluye también un propio ritmo de música, es algo que está aquí entre nosotros; si antes se tomaba como vulgar, hasta en ocasiones ofensivo e intolerable, es cierto que todos estos síntomas nos hablan de una inminente trasgresión de la cultura; la cultura se va mutando, va asimilando las características de otras culturas y es esta inevitable mutación la que le otorga el carácter de inauténtica, inauténtica como dirían los tradicionalistas porque vulnera y atropella el orden normal de su ciclo, pero en estos tiempos en donde la multidisciplinariedad y la difusión del conocimiento no otorga derecho de propiedad en temas culturales, resulta inoportuno adoptar conductas que no harían más que negar esta ya proclamada nueva sinfonía de la sociedad en general.

¿Por qué esa búsqueda en la innovación?

Toda innovación no sería admitida ni proclamada como tal por todo el mundo, si no existiera el papel tan importante que ahora contiene la publicidad; es a través de este medio que todo el mundo “sabe” lo que pasa en el mundo. La publicidad, en sí, es mentir lindo; es magnificar, glorificar, todas aquellas cualidades de un producto o un servicio que lograría en las personas esa incondicional sumisión y por lo tanto el ansío de adquirirlos y empezar  a utilizarlos.

La publicidad nos indica lo que tenemos que leer, lo que tenemos que comer, lo ropa que tenemos que utilizar, el lugar donde debemos de estudiar; todo el “mundo” hace caso a la publicidad y es en esta innegable posición que se justifica y sustenta esta inautenticidad tan grande que ahora colma de alienación a las culturas. Por ejemplo: A los chicos Looney les gusta por norma escuchar reggaeton; esta cultura popular en el Perú tiene que tener un medio con el cual se identifique, medio que obviamente reproduzca reggaeton, este medio es la ya conocida radio Moda; chico Looney que no ha escuchado radio Moda, que no sabe cuál es la canción con más Flow del día, está en nada, y ese estar en nada lo descalificaría del grupo, lo alejaría de esa comunidad y obviamente aniquilaría la primitiva y hasta ese momento inconsistente identidad grupal. ¿Qué tiene que hacer este chico? Simplemente escuchar radio Moda, saber cuál es la canción con más Flow, para que ahora con este conocimiento sea admitido y afiliado a esta tropa de asalto musical.

La mayoría de sujetos nunca está conforme con lo que es, con lo que tiene, siempre busca ser algo más, es en esta búsqueda que recurrimos a toda lo ya institucionalizado; asistimos a una academia preuniversitaria, postulamos a una Universidad, vamos de fiesta los viernes por la tarde, dormimos hasta las 10 de la mañana del día siguiente y al despertar queremos saber qué toca ahora, ese saber qué toca ahora es la búsqueda a la satisfacción de la sed de novedades, y pues buscar más novedades nos tiene en esta incesante pesquisa de nuevas cosas y buscar las cosas sin un rumbo fijo, sin tener algo planificado, nos hace vagar por una superficialidad tan alarmante que sólo nos contentamos con los momentos y casi nunca profundizamos en algo. Es difícil admitir esto, en cuanto creemos que el camino que seguimos es el que nosotros elegimos, si en un momento nos ponemos a pensar, te darás cuenta de que todo el “mundo” hace eso, todo el “mundo” va a una academia preuniversitaria, todo el “mundo” postula a una Universidad, todo el “mundo” en una ocasión ha salido de “tragos” un viernes por la tarde y todos, absolutamente todos creemos que hacemos todo a nuestro estilo, a nuestra manera; la diferencia en este caso, sería vivirlo como pensamos, vivirlo según nuestra propia regla.

Es en esto que se justifica el porqué de la filiación de los adolescentes a este género; este ritmo es muy fuerte, muy vibrante y los adolescentes al buscar su libertad, su propia identidad, rompen las reglas y es en la melodía de este género tan enérgico y destructor de tranquilidad, que por más decirlo está…también “rompe”, que encuentran simpatía y comprensión con sus aspiraciones.


A lo largo del tiempo han surgido modas y seguirán surgiendo, pero cuando estas modas se convierten en modelos de comportamiento, ya no se puede hablar de una simple tendencia temporal. Es en este caso tan simple y a la vez tan complejo, que observamos y admitimos este ciclo de la cultura que en su constante trajinar muta y sesga rasgos, características y que es precisamente en este divagar, que innova, que conserva y admite estos nuevos modelos en la sociedad.



[1] “Al garete” =  a lo loco, sin control
[2] “Blin blin" = Prendas costosas, accesorios lujosos (cadenas, relojes, etc.)
[3] "Dembow" = Música (reggaeton), el ritmo.
[4] "Frontear" = Caminar “elegantemente”
[5] “Patrulleo”= Observar.
[6] "Gila" = Chica, adolescente.
[7] "Flow"  = Estilo. Corriente

lunes, 7 de junio de 2010

Hechos e Historia.


Sin excepción, en la vida todas las personas se fijan metas, se fijan objetivos; objetivos y metas que con sus propias herramientas han de conseguir, han de conquistar y será en la realización de esos anhelados sucesos que el hombre encontrará trascendencia e historia.

A la vez que constituye sus metas y objetivos, el hombre se enfrenta a distintas realidades, realidades que en la perversidad de su naturaleza obstaculizan y retrasan el cumplimiento de estos hechos; es muy conocido, es tremendamente conocido que el mundo en sus distintas matices enfrenta a los sujetos, a sus deseos y es en esta lucha de intereses que se justifica la futura trascendencia de uno de ellos; habrá un sujeto que ha de triunfar, habrá otro sujeto que ha de perder y es en la relación de victoria y derrota que se posibilitará el trascender de uno de aquellos hombres. Ya lo decía Hegel: “La historia comienza cuando se enfrentan dos deseos”, esta frase en este contexto es validada por la explicación antes mencionada...

Pero...¿Cómo justificar el enfrentamiento de deseos? ¿Por qué han de enfrentarse deseos? ¿Por qué necesariamente tiene que existir derrota y victoria en la confrontación de estos?

Es como la participación en un torneo de ajedrez, los jugadores juegan sus fichas, desplazan sus ideas y es en este actuar que buscan imponer su juego, imponer sus propios deseos de victoria; aquella persona que diga que sólo es necesario participar y que el triunfo no lo es todo, niega el deseo de trascendencia, niega la esencia de su vida, niega el evento de cada posibilidad hecha. El hombre busca trascender, busca perpetuarse en la historia y de esa forma negar esta mortalidad de la cuál estamos hechos, renegamos de esta condición, queremos prolongar nuestro existir y son en estos deseos de trascendencia que el hombre inventó el Arte, inventó la Tecnología y sigue inventando tantas cosas que harán que sea recordada su figura como sujeto trascendente e histórico.

El hombre que logra trascender, es un hombre que impuso sus deseos por sobre los deseos de los demás, es un hombre que logró que el otro lo reconozca como su superior, como el hombre que pudo ser más y que fue en ese anhelo de ser más que logró trascender; se admite de este modo que la conciencia no es la subjetividad total y definida, porque si yo deseo el trascender, ese trascender se realiza en confrontación con los deseos de los demás y es en este entramado social, decirlo también, entramado de choques y fuerzas que la conciencia adquiere esa condición de exterior y así expulsa sus deseos hacia la conquista de sus posibilidades.

Esto es algo magnífico y asombroso, que revela en sí la esencia de los comportamientos de las personas, y que otorga y que aclara y que justifica esa lucha de cada individuo por alcanzar su metas. Siempre habrán cosas, personas, inconvenientes, que retrasarán el cumplimiento de nuestros objetivos, pero es en la potestad y autoridad que impulsamos nuestros deseos que logramos sobreponer nuestros anhelos sobre los anhelos de los demás, logrando así el ansiado reconocimiento del cual creemos la sociedad es digna de otorgarnos.

¿Necesitamos imprescindiblemente el reconocimiento de la sociedad para trascender?

Es una pregunta muy difícil de responder; es importante reconocer que en la lucha de deseos, uno gana y otro inexorablemente pierde, pero es en esta guerra de deseos que se debe conocer lo siguiente: ambos individuos saben que bien pueden ganar o bien pueden perder; lo curioso a continuación: “En uno de los dos sujetos el deseo de ganar, el deseo de imponerse al otro es más fuerte que el deseo de perder, pero en el otro sujeto el deseo de perder es más grande que el deseo de primar sobre el otro”, esto forma de esta manera una relación de vencedor y vencido, relación en la cuál el vencedor obrará una vez ya triunfante sobre los deseos del vencido y esta relación es la que se perpetua por el paso de la existencia de ambos

Si ya con esto logramos anteponernos por sobre los deseos de otra persona, el obstáculo a romper y traspasar es el trascender por sobre los deseos de la sociedad; la sociedad es muy vasta y en esta vastedad que se solventa su gran complejidad; cometeríamos un error en tratar de conquistar a la sociedad siguiendo nuestros propios deseos e ir ignorando los deseos de esa gran masa compacta. Esta bien, pudimos prevalecer sobre un sujeto, pero el prevalecer por encima de la sociedad completa no es lo mismo que trascender en nuestro primer deseo. Reconozcamos que es la sociedad en su distintas formas de asociación la que forma la cultura, la que ordena e institucionaliza los comportamientos de los sujetos y que es el anhelo de las personas de cumplir sus propios deseos lo que dinamiza y mueve esta gran masa que es la sociedad.

domingo, 6 de junio de 2010

El ser diferente.


Para la que con el sopesar de su querer aliviana esta angustia...
Para la que con el carisma de una risa, satisface un día a día...
Para la ilusión perenne por la cuál ser diferente...
Para seguir viviendo y viviendo a mi manera...Para ti.
 

Emerson decía: “La tarea más difícil del mundo es pensar”, e inevitablemente me viene a la mente el recordar los comportamientos de toda la masa estudiantil de las universidades, no sólo de las nacionales, sino también particulares que en la particularidad de sus métodos de enseñanza e influencia expide a los jóvenes subliminales y poderosos controles de poder y es en esta grandeza de normas y conceptos que recave la absoluta, pero a la vez abstracta decisión voluntaria de corromper las normas, de corromper el orden; es decir las normas y reglas de los institutos disciplinarios como son las Universidades, los Colegios...,etc., no hace más que formar una exterior capa de dominación, que se ve reflejada en la obediencia y en la prudencia del comportamiento de estos jóvenes dentro de estos lugares de disciplina y orden, no obstante a la vez se va formando una regla distinta a esta primera premisa, las normas sujetan al individuo a un orden establecido, pero lo que no es sujeta es la subjetividad del sujeto, mientras más fuerte es la norma, más fuerte es la intención de querer violarla y es totalmente conocido por la sociedad que el hombre encuentra placer en la ruptura de la norma.

Lo curioso es que los sujetos, especialmente los jóvenes hacen todas las cosas sin saber, ni conocer el propósito explícito de esa realización; “Ah, bueno, lo hago porque tenía que hacerlo, porque se hace así” obramos como hormigas que ignoramos cuál es nuestra verdadera función, las normas y reglas condicionan de manera insospechada hasta nuestros más mínimos comportamientos, el cómo caminar, el cómo saludar; y esta evidente institucionalización de nuestra vida es la que nos convierte en sujetos dominables susceptibles de cualquier influencia y agravio subliminal.

Reaccionar ante este régimen que impone por todos los medios sus conceptos e ideologías es algo muy difícil a la vez temible, no son muchas las personas que en la historia de la sociedad han logrado liberarse de esta constante sujeción, empero si pudieron una vez fuera de este orden, volverse y comportarse a una manera en la cual respetaban sus ideales, convencidos por sus motivaciones y cumpliendo con sus propios mandamientos.

Esto puede ser muy mal vinculado con la idea nietzscheana del Superhombre (Übermensch); los jóvenes que en el común transitar de nuestras vidas acatamos reglas, pero indistintamente de cuál sea el resultado de ellas fomentamos en nosotros la resistencia subjetiva, no tenemos el control abierto de nuestras potencialidades, es decir no tenemos esa capacidad del Übermensch de crear su propio sistema de valores, de seguir sus propios ideales y de asquear de este modo la suprasensibilidad de los valores supremos; a nosotros no nos compete esos atributos, hacerlos, atribuírnoslo es devastador en una etapa como esta en la cual buscamos identidad, en la cual buscamos aceptación y recojo en algunos de los grupos institucionalizados de la sociedad.

La pregunta y gran cuestión sería: ¿Cómo puedo vivir mi propia “vida”? ¿Cómo puedo sentir que obedezco a mis propias reglas sin salir del normal transitar de esta sociedad?

La respuesta es totalmente particular, depende de cada uno y radica en la libertad de poder elegir; existen infinitas posibilidades, infinitas acciones que podemos hacer, pero es en esta infinidad que podemos ejercer un propio control, control al elegir. Por ejemplo: Al final de cada parcial en la Universidad, sea cual fuere esa Universidad, los jóvenes mayormente comandados por los sujetos con un papel de decisión fundamentado en el libre albedrío y éxito en su idea de vida, deciden y por lo tanto llevan a los demás a celebrar el final de esos exámenes; es común en la sociedad peruana universitaria, estudiantil, “celebrar” este hecho con alcohol, con fiestas, con “libertad”; por eso no es raro ver a manadas de adolescentes dirigirse a los “huecos” de abastecimiento etílico para disfrutar esta euforia que supone el haber acabado un semestre, indiferentemente de cual haya sido su desempeño individual...

Decía, los sujetos van a las discotecas, “huecos” a tomar; ¿cómo puede uno vivir respetando su propia norma, cumpliendo sus propios dogmas?, DECIDIENDO; si deseas entras y consumes y eres uno más de ellos, si no deseas continuas por tu camino y haces lo que en tu pensar es lo correcto; pienso que es un ejemplo claro de saber elegir, de saber cómo llevar nuestras vidas. Es en la superficialidad de hechos tan cotidianos, tan simples como el mencionado, que el sujeto se encuentra con su propio ser. El hecho de aceptar tus propias normas significa la puesta en marcha de una auto-institucionalización; confías en tus pensamientos, confías en tus ideas y por ellas riges tus movimientos en la sociedad y este papel decisorio que nosotros mismos nos atribuimos no es en ningún momento un intento de transformar nuestros propios valores y jerarquizar unos nuevos a nuestra manera, sólo es saber llevarnos en un mundo que en la espontaneidad de sus sucesos encuentra la rutina y satisfacción de personas que como ovejas se comportan y celebran los vicios institucionalizados por los ejes de poder y control.

Pienso que esa es la función de esos lugares, pienso que para eso están, y pienso también que así como los sujetos que participan de ello ignoran el hecho de ir, también los encargados y dueños de esos lugares ignoran su naturaleza y rol en la sociedad. El mundo se está consumiendo cada vez más en esta rutilante emoción que significa el vivir, mejor dicho “el supuesto vivir” y no es pedir mucho y no es pedir absolutamente nada más que lo que Emerson con su frase quería comunicarnos: Pongámonos a pensar ya.









sábado, 5 de junio de 2010

Una sociedad sana: una sociedad “equilibrada”


Con gran facilidad resulta definir el estado de una persona; observar si está bien, observar si está mal; esta facilidad puede fundamentarse en que una persona sólo constituye un individuo, una “única” entidad, un único esfuerzo por realizar, un solo examen por determinar; pero cómo hemos de determinar el grado de salubridad de una sociedad completa, saber si está bien, saber si se dirige bien, saber si resulta, en efecto cumplir con lo que una sociedad es.

Este es un problema vasto y conflictivo, que puede llenar con generosas posturas agnósticas la visión sobre lo que verdaderamente debe ser una sociedad. El primer punto a resolver es cómo podemos saber qué características son propias de una sociedad sana; la sociedad se rige por normas, normas que solventan y justifican el comportamiento de las personas y que gracias a su poder coercitivo establecen un orden en el cual sería delito el no saberse comportar; el problema sería que las personas, que los sujetos, no se acondicionen a ese régimen y esta desasimilación traería en consecuencia una proclive e inminente desarticulación del sistema, transgredido por los comportamientos desconsiderados de las personas: “Una sociedad es normal por cuanto que funciona, y que la patología sólo puede definirse por relación a la falta de adaptación del individuo al tipo de vida de su sociedad”[1] Considerando que el orden normal de una sociedad se sustenta en los comportamientos individuales de las personas y que el problema no es causa del orden inestable e impreciso de la sociedad, se puede decir que está en cada uno como “único individuo” solventar sus problemas y fijarse de ese modo en la sociedad que de manera tácita y abstracta formula las condiciones morales y “correctas” para habitar.

La segunda cuestión intrigante es: ¿Por qué en la existencia de sujetos distintos como son los locos y la gente normal se percibe distintas realidades? ¿En qué estriba esta concomitante diferencia? La aparición del “loco” o “extraviado social” se configura en la existencia y nacimiento de la sociedad occidental contemporánea[2] y su vinculación al orden normativo se encuentra limitada y abstraída por las capacidades intrínsecas de la naturaleza a la que pertenece, a partir de ello el juzgar de su persona se ve completamente equivocado, sin fundamento, limitado de toda veracidad y certeza y es esta razonabilidad la expresión auténtica de su estado como sujeto social; en cambio las personas cuerdas “leídas” otorgadas de inteligencia, razón, seguridad y capacidades formula y dirige su accionar respetando los preceptos que establece su razón a través de la influencia del entorno social, es decir sus juicios y conceptos son validados por el orden que rige su sociedad; ¿Qué juicio es el verdadero? Nietzsche: “La verdad es la conquista de la voluntad de poder” la posible transvaloración[3] de las normas es responsabilidad de las instituciones que componen cada sociedad, y son estas instituciones apoyadas con el papel decisorio de las autoridades y gobierno que sustenta y afirma la autenticidad de la sociedad; ellos impulsan un orden, orden en el cual es potencialmente realizable las anhelos de cada persona, es el éxito de este orden el que valida la vigencia del régimen, régimen en el cual, por más decirlo se acepta el juicio de los “cuerdos” quedando por lo mismo relegados a la clandestinidad las ideas de los demás.

La tercera cuestión: ¿Son todas las personas de la sociedad, capaces de comportarse moralmente bien cumpliendo a lo mucho con los mínimos tópicos de control y desarrollo social? Creo ciertamente que estos tópicos son anestesiados a las personas en las formas más subliminales que la sociedad haya podido inventar; desde la temprana estimulación a la cual se somete a los niños en las escuelas y las que intervienen en el proceso de domesticación que nos infringen en las iglesias, universidades, centros comerciales; son todas estas potenciales y recurrentes formas de influenciación y represión social. Existen personas que han aprendido muy bien a comportarse cumpliendo con estos estatutos, los respetan e hicieron de ellos la energía vital que regula y domina sus vidas, pero otras aún no asimilan y son estas reglas tomadas como advenedizas, ligeras e inconsistentes; es por esta ruptura del lazo social que une al sujeto con su sociedad, y es también por esta heterogeneidad demostrada que la sociedad no puede comportarse de manera convencional, no puede hablarse así de una sociedad sana en su totalidad; será siempre inconsistente de uniformidad y homogeneidad en su estructura social.

Es alarmante saber que al final del camino no se encuentra más que un gran intento de domesticación, de disciplinamiento y como gran “escoria” de esto la notoria e inevitable visión de un mundo que en el intento de ser, acabo perdiendo lo único que tenia: la esencia de ser uno mismo, la esencia de ser social.






[1] Erich Fromm “Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea” México, Fondo de Cultura Económica, 2006, Pág. 18
[2] Para una observación compleja y profunda sobre la cuestión de la locura y su formulación en la sociedad actual, recomendable es la lectura de “Historia de la Locura en la Época Clásica” de Michel Foucault, FCE México, 2008.
[3] En sentido Nietzscheano la transvaloración es una modificación de la jerarquía, lo que por naturaleza debería estar debajo pasa a ocupar un lugar preeminente.