Gracias Alonso, maestro y guía.
¿Cuánto tiempo más
hará falta para que la prensa regocije a los aburridos lectores o espectadores
ávidos de escándalo mostrándoles violaciones, torturas y asesinatos en trance
de ejecutarse?
Mario Vargas Llosa. La civilización del espectáculo. (El País-Junio de 2007)
“Tetas, culos, mierda…eso es la televisión de hoy”, así de claro, sin asco, casi regurgitando lo decía Gorriti sentado
en el cómodo sillón de su despacho, en una tarde calurosa de verano. Despacho,
que sirve de cueva y refugio en las amanecidas de extenuante trabajo en IDL
Reporteros, allá en el cómodo distrito de San Borja. La conversación sobre lo
que hoy significa la televisión y específicamente los espacios periodísticos
había terminado.
Un medio de
comunicación nace en la necesidad de una población que busca ser informada,
pues el objetivo de esta “empresa” (porque sí que lo es) es vender la noticia,
ofrecer su producto, hacerla del gusto del público, de sus clientes. La
televisión desde su llegada al Perú en 1958, gustó de una preferencia nunca
antes vista. Si la llegada de la radio, allá por las primeras décadas del siglo
XX, supuso un suceso asombroso y sorprendente; el arribo de este medio que
incluía cada una de las características del equipo radiofónico, añadido con el
elemento imagen, fue en supremo extraordinario. Así, logró cautivar desde su establecimiento en el
país a una población que encandilada admiraba el desarrollo y contemplaba aun
incrédula como una caja reproducía sonidos y capturaba dentro de sí a personas
vivas que saltaban, bailaban, cantaban y lloraban. La televisión siempre
disfrutó de ese encanto y sí que lo supo aprovechar.
La programación
periodística en la televisión ha ido cambiando conforme el mundo lo hacía,
conforme nuevas necesidades y nuevos roles se reproducían. La economía de
mercado y el gran capital buscaban siempre llegar a más lugares, ampliar sus
mercados. La democratización de la televisión fue una oportunidad que tanto los
inversores y los “broadcaster” supieron aprovechar. De este modo, hacía su
nacimiento la publicidad y nuevos flujos de participación publicitaria se
adueñaban de las pantallas. La televisión ya no era la empresa de unos pocos,
delos entusiastas, de los innovadores; la televisión se entremezcló con los
intereses de los grupos económicos, la televisión se convirtió en una herramienta de conquista, más ya no de
entretenimiento y distracción. Sabe Dios
qué fines son los que controlan la televisión de hoy.
De esta forma,
el mensaje periodístico ha sido totalmente transvalorado, para resumirlo así en
término Nietzscheanos. Ya no existe la intención de informar de manera
responsable y con el fin de educar, existe la intención y vil de distraer, de
entorpecer, de idiotizar. La oferta es variada, los noticieros son muchos y
distintos, por más que uno intente cambiar de canal, lo que encontrará en la
vereda del frente es más de lo mismo. ¿Quién es el responsable de que hoy
gocemos de este tipo de periodismo? ¿Lo son ellos?, los dueños y empresarios de
los canales ¿O lo somos nosotros?, por ser meros observadores y contempladores
de este plan de idiotización. Nosotros tenemos un rol claramente a desempeñar y
es el de evaluar los contenidos que nos son proporcionados ¿lo hemos hecho?
pues no, hemos permitido que mecanismos de control se hayan apoderado de
nuestra vida y pensamiento y hoy lo tomemos como algo normal. La televisión y
el dizque periodismo que observamos es parte de este aparente inocuo sistema de
información. “Frivolidad, banalidad,
estupidización acelerada del promedio es uno de los inesperados resultados de
ser, hoy, más libres que nunca en el pasado” (La Civilización del Espectáculo -
Mario Vargas Llosa, artículo en diario El País) Pues ese promedio que Vargas hace
referencia va en constante e inevitable crecimiento. Hoy la información que verdaderamente es
importante, que verdaderamente debería ser comunicada es relegada a
insignificantes espacios de menor alcance. La investigación de IDL Reporteros
sobre la banca en el país, terminó, en palabras de Gorriti, ocupando una
mediocre columna de El Comercio, que ni citó la fuente y autores de la
investigación. Lo sabe Gorriti y así
como él, los demás, los que creen que a pesar de todo es posible hacer el bien,
informar para hacer periodismo de verdad. Mientras tanto, su trabajo e
investigación seguirá de espaldas, frente a la matanza y aniquilamiento de crítica y
voluntad en la cual la sociedad se ha vuelto involucrada y que se vio desatada
por su propia decisión y libertad.

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