Para la que con el sopesar de su querer aliviana esta angustia...
Para la que con el carisma de una risa, satisface un día a día...
Para la ilusión perenne por la cuál ser diferente...
Para seguir viviendo y viviendo a mi manera...Para ti.
Emerson decía: “La tarea más difícil del mundo es pensar”, e inevitablemente me viene a la mente el recordar los comportamientos de toda la masa estudiantil de las universidades, no sólo de las nacionales, sino también particulares que en la particularidad de sus métodos de enseñanza e influencia expide a los jóvenes subliminales y poderosos controles de poder y es en esta grandeza de normas y conceptos que recave la absoluta, pero a la vez abstracta decisión voluntaria de corromper las normas, de corromper el orden; es decir las normas y reglas de los institutos disciplinarios como son las Universidades, los Colegios...,etc., no hace más que formar una exterior capa de dominación, que se ve reflejada en la obediencia y en la prudencia del comportamiento de estos jóvenes dentro de estos lugares de disciplina y orden, no obstante a la vez se va formando una regla distinta a esta primera premisa, las normas sujetan al individuo a un orden establecido, pero lo que no es sujeta es la subjetividad del sujeto, mientras más fuerte es la norma, más fuerte es la intención de querer violarla y es totalmente conocido por la sociedad que el hombre encuentra placer en la ruptura de la norma.
Lo curioso es que los sujetos, especialmente los jóvenes hacen todas las cosas sin saber, ni conocer el propósito explícito de esa realización; “Ah, bueno, lo hago porque tenía que hacerlo, porque se hace así” obramos como hormigas que ignoramos cuál es nuestra verdadera función, las normas y reglas condicionan de manera insospechada hasta nuestros más mínimos comportamientos, el cómo caminar, el cómo saludar; y esta evidente institucionalización de nuestra vida es la que nos convierte en sujetos dominables susceptibles de cualquier influencia y agravio subliminal.
Reaccionar ante este régimen que impone por todos los medios sus conceptos e ideologías es algo muy difícil a la vez temible, no son muchas las personas que en la historia de la sociedad han logrado liberarse de esta constante sujeción, empero si pudieron una vez fuera de este orden, volverse y comportarse a una manera en la cual respetaban sus ideales, convencidos por sus motivaciones y cumpliendo con sus propios mandamientos.
Esto puede ser muy mal vinculado con la idea nietzscheana del Superhombre (Übermensch); los jóvenes que en el común transitar de nuestras vidas acatamos reglas, pero indistintamente de cuál sea el resultado de ellas fomentamos en nosotros la resistencia subjetiva, no tenemos el control abierto de nuestras potencialidades, es decir no tenemos esa capacidad del Übermensch de crear su propio sistema de valores, de seguir sus propios ideales y de asquear de este modo la suprasensibilidad de los valores supremos; a nosotros no nos compete esos atributos, hacerlos, atribuírnoslo es devastador en una etapa como esta en la cual buscamos identidad, en la cual buscamos aceptación y recojo en algunos de los grupos institucionalizados de la sociedad.
La pregunta y gran cuestión sería: ¿Cómo puedo vivir mi propia “vida”? ¿Cómo puedo sentir que obedezco a mis propias reglas sin salir del normal transitar de esta sociedad?
La respuesta es totalmente particular, depende de cada uno y radica en la libertad de poder elegir; existen infinitas posibilidades, infinitas acciones que podemos hacer, pero es en esta infinidad que podemos ejercer un propio control, control al elegir. Por ejemplo: Al final de cada parcial en la Universidad, sea cual fuere esa Universidad, los jóvenes mayormente comandados por los sujetos con un papel de decisión fundamentado en el libre albedrío y éxito en su idea de vida, deciden y por lo tanto llevan a los demás a celebrar el final de esos exámenes; es común en la sociedad peruana universitaria, estudiantil, “celebrar” este hecho con alcohol, con fiestas, con “libertad”; por eso no es raro ver a manadas de adolescentes dirigirse a los “huecos” de abastecimiento etílico para disfrutar esta euforia que supone el haber acabado un semestre, indiferentemente de cual haya sido su desempeño individual...
Decía, los sujetos van a las discotecas, “huecos” a tomar; ¿cómo puede uno vivir respetando su propia norma, cumpliendo sus propios dogmas?, DECIDIENDO; si deseas entras y consumes y eres uno más de ellos, si no deseas continuas por tu camino y haces lo que en tu pensar es lo correcto; pienso que es un ejemplo claro de saber elegir, de saber cómo llevar nuestras vidas. Es en la superficialidad de hechos tan cotidianos, tan simples como el mencionado, que el sujeto se encuentra con su propio ser. El hecho de aceptar tus propias normas significa la puesta en marcha de una auto-institucionalización; confías en tus pensamientos, confías en tus ideas y por ellas riges tus movimientos en la sociedad y este papel decisorio que nosotros mismos nos atribuimos no es en ningún momento un intento de transformar nuestros propios valores y jerarquizar unos nuevos a nuestra manera, sólo es saber llevarnos en un mundo que en la espontaneidad de sus sucesos encuentra la rutina y satisfacción de personas que como ovejas se comportan y celebran los vicios institucionalizados por los ejes de poder y control.
Pienso que esa es la función de esos lugares, pienso que para eso están, y pienso también que así como los sujetos que participan de ello ignoran el hecho de ir, también los encargados y dueños de esos lugares ignoran su naturaleza y rol en la sociedad. El mundo se está consumiendo cada vez más en esta rutilante emoción que significa el vivir, mejor dicho “el supuesto vivir” y no es pedir mucho y no es pedir absolutamente nada más que lo que Emerson con su frase quería comunicarnos: Pongámonos a pensar ya.

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